Mitos sobre las computadoras
Ideado por Yen_lo en Octubre 9, 2008 – 4:23 pm --
Es malo para la computadora tener imanes pegados en la torre
Este mito es: Falso. A la torre no le hace mal, pero al monitor sí, desgasta sus colores. Para comprobarlo basta acercar enfrente al monitor un desarmador que tenga imán en la punta y verás como se distorcionan los colores de la pantalla.
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Empujar la bandeja del CD con la mano para insertarlo es dañino
Este mito es: Falso. Nada sucede mientras se lo empuje con una fuerza normal, está hecho para eso.
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Si derramas agua sobre el teclado, puedes arruinar su funcionamiento
Este mito es: Verdadero. Se arruinan las piezas de metal que están debajo de las letras, hacen cortocircuito y se queman.
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Es necesario que haya un espacio entre el monitor y la pared que está detrás de él
Este mito es: Falso. El ambiente en general debe estar ventilado, pero no es indispensable que sea mucha la distancia. Es peor tener otro monitor detrás (como sucede en muchas oficinas) porque se corre el riesgo de tener interferencias entre las computadoras.
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Cuando la computadora pasa toda la noche encendida es mejor apagarla y volver a encenderla (reiniciarla)
Este mito es: Falso. Puede seguir funcionando perfectamente. Aunque parezca lo contrario (y den ganas de dejarla un rato apagada para que descanse, siguiendo la lógica humana), el disco duro se conserva más si permanece prendida y no es apagada una y otra vez. Por una cuestión de ahorro no conviene dejarla encendida por varios días, pero esquivando el factor económico podría permanecer en actividad todo el tiempo. Fueron creadas para ello.
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La computadora consume más energía al ser encendida que la que consume estando varias horas trabajando
Este mito es: Falso. Al encender no consume tanto como para superar las horas de funcionamiento. Si se apaga se ahorra energía y si permanece prendida gasta, como cualquier otro electrodoméstico.
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Le hace mal a la computadora tener el teléfono celular cerca
Este mito es: Falso. No le hace daño, solo puede provocar interferencias.
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Luego de apagar la computadora es mejor dejarla descansar unos segundos antes de volver a encenderla.
Este mito es: Verdadero. Es recomendable esperar algunos segundos antes de volver a apretar el botón de encendido. Con 10 segundos es suficiente.
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No se debe mover la torre (caja) de la computadora mientras está encendida porque puede quemarse el disco duro.
Este mito es: Falso. Es tanta la fuerza centrífuga con la que gira el disco duro que no pasa nada si se mueve la torre. Mucho menos si se trata de una computadora portátil, porque están hechas para eso. Claro que nada de esto vale si se la golpea.
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Es conveniente usar un protector de pantalla (screensaver) por el bien del monitor
Este mito es: Verdadero. Porque el mecanismo del protector de pantalla hace que el desgaste de los colores de la pantalla sea uniforme. Al estar renovando las imágenes constantemente, no se gasta en un mismo lugar.
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Cuando hay una tormenta electríca es necesario desconectar la computadora de la energía eléctrica
Este mito es: Verdadero. Es casi una obligación cuando se trata de una tormenta eléctrica. Una cantidad asombrosa de módems y fuentes de poder se queman por descarga de rayos.
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No debes de mirar la luz roja que emiten los mouses ópticos
Este mito es: Verdadero. No va a dejar ciego a nadie, pero es una luz fuerte. Mucho más dañino es todavía el mouse con láser debajo, esa luz va directo a la retina del ojo.
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En las laptop (portátiles) se debe enchufar primero el cable de electricidad a la computadora
Este mito es: Falso. Puede hacerse indistintamente. Si lo que se quiere evitar es que un cortocircuito afecte la computadora al enchufarla, es bueno saber que las fuentes de las portátiles son multivoltaje, soportan de 90 a 240 voltios, por lo que son sumamente estables.
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Siempre que apagas la computadora debes apagar el monitor
Este mito es: Falso. Al apagar la torre queda en un estado en el que consume muy poca energía y no sufre desgaste. La decisión termina siendo en función del ahorro, aunque lo que consume sea realmente mínimo.
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No debes colocar CD’s, disquetes, etc., sobre la torre
Este mito es: Falso. Nada de lo que se coloque sobre ella la afecta, a menos que esté húmedo y el agua pueda llegar al equipo.
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La computadora no debe estar expuesta el sol
Este mito es: Verdadero. Se recalienta más de lo que lo hace con el uso habitual y se acorta la vida útil del equipo.
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Si el disco duro está lleno más del 80% de su capacidad hace lenta la computadora
Este mito es: Verdadero. Siempre es una cuestión de porcentajes, por más que se tengan 10 GB libres, si eso es menos del 20 % de la capacidad del disco, el funcionamiento de la computadora será lento.
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No se debe extraer una memoria USB (pendrive) sin avisarle a la computadora.
Este mito es: Verdadero. Se debe seleccionar la opción para “retirarlo con seguridad” antes de desenchufarlo. De lo contrario, se corre el riesgo de quemar la memoria del USB.
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Si tienes el escritorio de Windows lleno de iconos haces más lenta la computadora
Este mito es: Verdadero. Los que importan son los íconos de programas o archivos, los que son de acceso directo no molestan. Sucede que la tarjeta de video de la computadora renueva constantemente la información que se presenta en la pantalla y cuando hay más íconos, tarda más. Esto se nota más en computadoras más viejas o con tarjetas de video no muy grandes.
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Forzar el apagado de la computadora daña el disco duro
Este mito es: Verdadero. Si se le quita corriente al disco mientras está leyendo o escribiendo en alguna parte del sistema, se puede quemar. Además, cuando se apaga súbitamente, las placas que cubren al disco (que gira hasta 10 mil revoluciones) aterrizan sobre él y pueden ir picando hasta la posición de descanso, dejándole marcas importantes. Al seleccionar la opción “apagar el equipo”, todo el sistema se apronta para reposar y suspende las actividades. Cada pieza se ubica en su lugar.
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Poema de Gilgamesh
Ideado por Yen_lo en Junio 14, 2008 – 10:53 am -La Epopeya de Gilgamesh o Poema de Gilgamesh es una narración de origen sumerio, considerada como la narración escrita más antigua de la historia. Se emplearon tablillas de arcilla y escritura cuneiforme, lo cual favoreció su preservación. La versión más completa preservada hasta la actualidad consta de doce tablillas. La obra es muy leída en traducciones a diversos idiomas y el héroe, Gilgamesh, ha pasado a ser un icono de la cultura popular.
Trata sobre las aventuras del rey Gilgamesh y su amigo Enkidu. Una de las tablillas relata un episodio exactamente igual al de la Biblia sobre el diluvio. Las aventuras para matar al gigante Khumbaba, el descenso a los infiernos y la relación entre dioses, semidioses (como el propio Gilgamesh) y mortales le dan un claro origen prehelenístico. El núcleo sentimental se encuentra en el duelo tras la muerte de Enkidu. Los críticos consideran que es la primera obra literaria que hace énfasis en la mortalidad e inmortalidad.
La epopeya fue transcrita para el rey Asurbanipal de Nínive, quién trató de coleccionar copias de todos los documentos escritos del mundo por él conocido. Hacia el año 612 a. C., Nínive fue destruida por invasores y no fue hasta 1845 que fue reubicada por el explorador británico Austen Henry Layard, cerca de Mosul, en Iraq.
Del contenido de su biblioteca, actualmente se conserva una pequeña fracción, compuesta por 25.000 tabletas, depositadas en el Museo Británico, donde fueron traducidas por George Smith a partir de 1872. Más recientemente, en 1984 se tradujo el poema con la participación del escritor John Gardner.
La obra gira en torno a dos temáticas, las primeras seis tablillas describen la búsqueda de la gloria y las restantes la búsqueda de la inmortalidad.
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La sábana santa volverá a exhibirse en 2010
Ideado por Yen_lo en Junio 7, 2008 – 10:12 am -La reliquia más famosa de la cristiandad volverá a exhibirse en la primavera de 2010. Lo autorizó ayer Benedicto XVI, quien expresó el deseo de seguir los pasos de su predecesor. Karol Wojtyla visitó Turín durante la penúltima ostensión de la sábana santa, en mayo de 1998. Hace diez años, Juan Pablo II se postró a orar ante el lienzo en el que se ve una figura con las heridas que, según la tradición, sufrió Jesús durante su martirio en la Cruz. “Si el Señor me da vida y salud, espero ir yo también a Turín”, anunció ayer el Papa en el Vaticano.
La sábana santa es una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,10 de anchura. Se ven en ella la parte frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado, que cubre púdicamente sus genitales con las manos a pesar de estar estirado. Apareció en la localidad francesa de Lirey hacia 1350. Era propiedad del caballero Geoffroy de Charny, quien nunca aclaró cómo se había hecho con ella. El noble levantó una iglesia, Nuestra Señora de Lirey, para su adoración y los monjes encargados de su custodia pronto convirtieron la sábana, presentada como la auténtica mortaja de Cristo, en un negocio redondo.
El sudario de Turín era en su época una reliquia más de las muchas que se habían multiplicado por Europa con la bendición de la Iglesia. En el Segundo Concilio de Nicea, celebrado en 787, se había decretado que , si un obispo consagraba un templo sin reliquias, sería depuesto. Los prelados fueron disciplinados, gracias a lo cual existen medio centenar de sábanas santas, tres lanzas que atravesaron el costado de Jesús, varios santos prepucios, suficientes restos de la Cruz como para construir un barco, frascos con leche de la Virgen, pelos de la barba de Noé, plumas de las alas del arcángel Gabriel… No es extraño que dentro de la propia Iglesia hubiera desde el principio quien desconfiara de la autenticidad de joyas como la de los Charny.
Pierre d’Arcis, obispo de Troyes, alertó en 1389 a Clemente VII, papa de Avignon, de que su antecesor había descubierto “el fraude y cómo dicho lienzo había sido astutamente pintado, ya de esa verdad testimonió el artista que lo había pintado, o sea que era una obra debida al talento de un hombre y en absoluto milagrosamente lograda u otorgada por gracia divina”. Al antipapa no le quedó otro remedio que admitir la falsedad de la reliquia, que los Charny guardaron a buen recaudo hasta que amainó el temporal a mediados del siglo XV. Después de llegar a manos de los Saboya, que la utilizaron como talisman, la tela quedó depositado en 1578 en la catedral de Turín, donde se encuentra en la actualidad.
La NASA y la reliquia
La reliquia ganó notoriedad a finales de los años 70 del siglo pasado, cuando se vinculó a la tecnología espacial. La prensa se hizo eco en 1978 de que científicos de la NASA la habían estudiado un año antes y demostrado que Jesús había resucitado. La realidad fue, no obstante, que la NASA nunca examinó la tela; lo hizo un grupo de cuarenta creyentes de los cuales dos habían trabajado para la agencia espacial. El colectivo había concluido que la imagen se había impreso milagrosamente, por la energía del momento de la Resurrección, tras desechar las pruebas contrarias a la fe.
Como parte del estudio de 1977, el microanalista forense Walter McCrone, el más reputado del mundo hasta su muerte en 2002, analizó las manchas de sangre de la presunta mortaja, y fue tajante: “Tengo buenas y malas noticias -dijo en el congreso en el que presentó su trabajo-. Las malas son que el sudario es una pintura. Las buenas, que nadie me cree”. Tampoco le creyeron los partidarios de la autenticidad de la sábana cuando en 1980 auguró que, de realizarse, la prueba del carbono 14 iba a datarla “el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos”. Sin embargo, así fue.
La datación de la pieza, realizada en 1988 por tres laboratorios de Arizona, Zurich y Oxford, fechó “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”. Los resultados se publicaron en la prestigiosa revista Nature y chocaron de inmediato con la oposición de los sindonólogos, como se autodenominan los estudiosos de la tela de Turín. Así, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, adujo en 1989 que la prueba no se había hecho bien, “como -según él- más tarde ratificó el propio inventor del sistema”, el físico Willard Libby. El problema era que Libby había muerto nueve años antes, y no era vidente.
Pistas de engaño
La sangre es roja y no negra, como se vuelve con el tiempo, porque está pintada con bermellón y rojo de rubia, como descubrió el forense Water McCrone.
La larga melena no cae hacia la nuca, como en cualquiera tumbado, sino que el pelo se mantiene suspendido en el aire como por arte de magia.
La dos piernas están estiradas en la imagen frontal; pero en la dorsal está impresa la planta del pie derecho, lo que exigiría que hubiera doblado la rodilla
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Heracles
Ideado por Yen_lo en Marzo 17, 2008 – 1:22 pm -Hijo de Zeus y Alcmena, la vida de Heracles está repleta de aventuras y peligros, ya desde su nacimiento. Hera, la esposa de Zeus, ultrajada por un engaño más de su marido, envió una serpiente con la intención de matar a Hércules al nacer. El recién nacido la mató con sus propias manos.
Heracles y sus armas predilectas: el arco y la porra.
Heracles recibió la mejor educación, aunque pronto se manifestó su mal carácter cuando partió la cabeza de su profesor de música con un laúd. Hércules se arrepintió de corazón por aquello: él nunca pretendió matar a su maestro. Así era su carácter: tras una explosión de ira seguía el más sincero arrepentimiento… situación que se repitió a menudo en su vida.
Realizó muchas hazañas y le fue concedida Mégera en matrimonio, con la que tuvo tres hijos. Pero algo terrible estaba por ocurrirle al héroe: Hera, la peor enemiga de Hércules, le envió desde los cielos un ataque de locura. Al recobrarse de él, Heracles vio sus manos cubiertas de sangre y a su esposa y tres hijos muertos a sus pies. Tan sólo su amigo Teseo pudo impedir que Hércules se suicidara. Consultaron al Oráculo de Delfos la forma de purgar su culpa y éste ordenó a Hércules dirigirse a Euristeo, rey de Micenas, y someterse a las órdenes que él le diera. Euristeo, inspirado por Hera, le encomendó doce trabajos, en apariencia imposibles pero que Heracles concluyó con éxito.
El primero de los trabajos consistió en matar al león de Nemea, fiera que ninguna arma podía herir y con la que Heracles acabó estrangulándola. El segundo trabajo consistía en matar a la Hidra, monstruo de siete cabezas. Si se cortaba cualquiera de seis de ellas, dos la remplazaban… y la séptima era inmortal. Heracles solucionó esto cortando las seis mortales y cauterizando el corte inmediatamente con una llama. La cabeza inmortal fue enterrada bajo una roca. El tercer trabajo consistía en capturar vivo a un ciervo sagrado de Artemisa… cosa que le ocupó un año entero. El cuarto trabajo consistía en atrapar con vida un jabalí que moraba en el monte Erimanto. En el quinto, debía limpiar en un día los establos del rey Augias, que poseía mil bueyes… lo que consiguió desviando el curso de un río. El sexto trataba de eliminar los pájaros del lago Estinfalo, a los que exterminó con sus flechas.

En el séptimo trabajo, Hércules domó al toro salvaje de Poseidón, en Minos. El octavo consistía en robar las yeguas antropófagas del rey Diómedes, al cual mató. En el noveno robó el cinturón de Hipólita, reina de las Amazonas. El décimo consistía en robar los bueyes de Gerión, monstruo que vivía más allá del Mediterráneo; para hacerse paso, separó Europa de África dando origen a las Columnas de Hércules. En el undécimo trabajo debía apoderarse de las Manzanas de Oro del Jardín de las Hespérides, custodiadas por un terrible dragón. Y por fin, en el duodécimo y más difícil de sus trabajos, Heracles debía llevar a Micenas a Cerbero, el monstruoso perro guardián de las puertas del Hades; una vez fue llevado a esta ciudad, Euristeo se lo hizo devolver (con gran sentido común) donde lo encontró.
Una vez recibido el perdón a través de la penitencia, Heracles vivió muchas otras aventuras. Fue en busca del Vellocino de Oro junto a Jasón y los Argonautas, aunque no concluyó el viaje por ayudar a su escudero, el joven Hilas. De viaje por el Cáucaso encontró a Prometeo encadenado a una roca; un águila le devoraba el hígado y Hércules la mató con sus flechas. Hércules liberó a Prometeo (según algunos mitos), quien llevaba muchos años castigado por Zeus al entregar el fuego a la Humanidad.
El final de la vida de Heracles es triste: su nueva mujer, Deyanira, fue engañada por Hera y ofreció a Heracles un filtro de amor, que en realidad era un poderoso veneno. Al darse cuenta de lo ocurrido, Deyanira se suicidó. El veneno hacía que Heracles experimentara terribles dolores, pero no podía acabar con su enorme fuerza: tuvo que suicidarse. Al llegar al Olimpo, una vez muerto, se dice que acabó reconciliándose con Hera, y que se casó con una de sus hijas, Hebe.
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Teseo y el Minotauro
Ideado por Yen_lo en Febrero 25, 2008 – 9:34 pm -El héroe ateniense por excelencia, hijo del propio rey de Atenas, Egeo, realizó tantas grandes empresas que acabó siendo idolatrado en su ciudad. Pero el hecho por el que sería más conocido en la posteridad es por librar a los atenienses del yugo impuesto por Minos, rey de la entonces poderosa Creta.
La historia se remonta años atrás, cuando el dios del mar Poseidón regaló un hermoso toro a Minos para que fuese sacrificado en su honor. El avaricioso rey no hizo tal cosa, si no que se decidió conservar a tan magnífico animal en lo más oculto de su castillo. La venganza de Poseidón fue terrible, pues dispuso que la propia esposa de Minos, Pasifae, cayera enamorada del toro, e incluso engendrara de él a un horrible monstruo, en Minotauro, con cuerpo de gigante y cabeza de toro. Minos, al ver aquel engendro, mandó a su arquitecto, Dédalo, construir un formidable laberinto, encerrando en él al Minotauro. Además, el rey cretense dispuso, en venganza por viejas afrentas, que cada año la ciudad de Atenas debía proporcionar a siete jóvenes y siete doncellas con los que alimentar al Minotauro.
El laberinto de Dédalo
Atenas, amenazada con la destrucción por parte del poderoso Minos, no podía hacer otra cosa que pagar el despreciable tributo hasta que intercedió Teseo: él mismo se ofreció a ser una de las catorce víctimas de aquel año. Antes de partir, Teseo dijo a su afligido padre, Egeo, que si conseguía vencer al Minotauro y regresar a Atenas, izaría una vela blanca en substitución de la vela negra que portaba el buque encargado de llevar a los jóvenes a Creta.
Una vez en Creta, los jóvenes fueron conducidos en presencia del rey Minos. Allí estaba Ariadna, hija de Minos, y al ver a Teseo se enamoró de él. En el camino hacia el laberinto, Ariadna se acercó a Teseo y le ofreció su ayuda a cambio de que la llevara con él a Atenas. Teseo, que a su vez también se sentía atraído por la princesa cretense, aceptó inmediatamente. A lo que Ariadna correspondió entregándole una madeja de hilo. Con ella, le explicó Ariadna, hallará la salida del laberinto si ataba el extremo a su entrada y la iba desenrollando a medida que avanzaba.
Teseo en el laberinto
Una vez dentro del laberinto, Teseo ató un extremo de hilo a la entrada y pidió a los trece jóvenes que le acompañaban que esperasen junto a ella. Se introdujo en el laberinto, encontró al Minotauro y lo estranguló. Impresionado por el valor del joven, Minos liberó a los atenienses y dejó partir a su propia hija, Ariadna, junto a ellos.
De camino a Atenas, Ariadna se separó para siempre de Teseo. Diversas versiones explican este hecho: una de ellas dice que Teseo no estaba enamorado de ella y la abandonó, otra cuenta que Ariadna murió a causa de unas fiebres,… sea como fuere, Teseo llegó muy apenado a las costas de Atenas… tanto que olvidó izar la vela blanca que como había prometido a su padre si volvía sano y salvo. Al ver aproximarse el barco con su vela negra, el rey Egeo, presa de la desesperación, se clavó su propia espada, muriendo sin conocer la hazaña de su hijo. Desde entonces, al mar que baña las costas orientales de Grecia se le conoce con el nombre de este rey.
Pasados los funerales por la muerte del querido rey, todos los atenienses pidieron a Teseo que fuera su rey, aceptando éste y dando paso a la época de mayor esplendor de Atenas. La leyenda cuenta que fue el propio Teseo quien renunciara al trono para dar inicio a la democracia en Atenas.
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Vellocino de oro
Ideado por Yen_lo en Febrero 10, 2008 – 3:06 pm -Este mito, muy popular desde tiempos remotos, se refiere a la expedición que descubriera para los griegos las regiones costeras del Mar Negro. Es una suerte de prólogo a la Guerra de Troya, el conflicto que habría de enfrentar a griegos y asiáticos por el control de las rutas comerciales que traían cereales desde los ricos campos de las costas meridionales del Mar Negro. La conquista del vellocino de Oro se refiere a hechos y personajes que preceden en una generación a los involucrados en la Guerra de Troya, envolviendo en la trama a gran cantidad de célebres guerreros y héroes: los gemelos Cástor y Pólux, Hércules, Peleo (padre de Aquiles), el músico Orfeo,…
La trama de este mito se inicia con un rey griego, Atamante, que repudió a su esposa Nefele (con la que tenía dos hijos, Frixo y Hele) para casarse con la princesa Ino. Era Ino una mujer malvada, y al casarse con Atamante planeó la muerte de sus herederos para que fueran sus propios hijos los que aspiraran al trono. Para llevar a cabo su plan, se apoderó de todo el grano reservado para ser utilizado para simiente del reino de Atamante y lo tostó, con lo que obviamente ese año ninguna cosecha fue obtenida. Espantados, los campesinos acudieron al rey, que consultó con el oráculo del reino, previamente seducido por la maquiavélica Ino, quien sentenció que ninguna cosecha germinaría a menos que los hijos de Nefele fueran asesinados. Nefele, horrorizada frente al altar del sacrificio, imploró ayuda a los dioses, que respondieron enviando un carnero mágico, con el pelaje de oro y la capacidad de volar. Los niños escaparon a lomos del animal, que los condujo por los aires fuera de los territorios griegos. Al cruzar el estrecho que separa la Grecia continental del Asia Menor, la hija de Nefele, Hele, cayó al mar y se ahogó: desde entonces, aquel estrecho es denominado Helesponto o Mar de Hele. El carnero llevó al afligido Frixo hasta el país de la Cólquida, situado al sur del Mar Negro, donde sus habitantes acogieron al niño, que en señal de agradecimiento, sacrificó al carnero y les entregó su dorado vellocino.
Tiempo después, en la ciudad griega de Tesalia, reinaba Pelias, hombre cruel que había usurpado el reino a su legítimo propietario, Esón. Un oráculo predijo a Pelias que moriría a manos de un hombre calzado con una sola sandalia. El hijo de Esón se llamaba Jasón, y desde el exilio se dirigió a Tesalia para recuperar su reino. Fue llevado ante Pelias, que al verlo entrar en el salón del trono no pudo reprimir su miedo al comprobar que tan sólo estaba calzado con una sandalia. Las intenciones de Jasón, a pesar de todo, no eran matar a Pelias: le dio que podía conservar todos los bienes malversados durante su reinado, los ganados, el oro… todo excepto el trono, que debía ser devuelto inmediatamente al linaje de Esón. Pelias accedió, pero imponiendo una condición: Jasón debía traer a Tesalia la piel del Carnero de Oro, el vellocino de aquel mítico animal que se hallaba en la Cólquida. Y es que Pelias sabía muy bien que aquella era una empresa imposible, y que mandaba a Jasón a una muerte segura. Pero ante los ojos espantados de los súbditos del reino, Jasón aceptó el encargo, ordenando a los mensajeros de Pelias que difundieran la noticia de una gran expedición por mar a la desconocida Cólquida, en busca del Vellocino de Oro. Al mensaje respondieron los más grandes héroes griegos: el poderoso Hércules, hijo de Zeus, Orfeo el músico, capaz de encantar a las bestias con su lira, los gemelos Cástor y Pólux, hijos también de Zeus y grandes guerreros, Peleo, que llegaría a ser rey de Egina y padre de Aquiles… todos ansiaban embarcarse en el Argos, el buque destinado a llevarlos a través del Mediterráneo hasta alcanzar el Mar Negro, conocido entonces como el Mar Enemigo.
Zarparon de las costas griegas, y el primer escollo que encontraron fue al repostar en una pequeña isla: el escudero de Hércules, un joven llamado Hilas, fue raptado por una ninfa, que lo sumergió en las aguas de un estanque del que ya no saldría. Hércules emprendió una búsqueda desesperada de su amigo, pidiendo a los Argonautas que zarparan sin él.
El mítico buque de Jasón y las Harpías
Poco después, desembarcaron en otra isla donde un anciano llamado Fineo era perseguido por la jauría de Zeus: las Harpía, pájaros enormes que habían sido mandados por el dios para castigar a Fineo por sus enormes dotes de oráculo (facultad que siempre había desagradado profundamente a Zeus). El anciano había tenido la revelación de que tan sólo podían salvarle dos de los argonautas, los hijos de Bóreas, el Viento del Norte, que con su inigualable rapidez serían capaces de alcanzar y dar muerte a las harpías. Los dos hermanos se comprometieron en ayudarle, y habrían dado muerte a todos los monstruos de no ser por la intervención de Iris, la mensajera de Zeus, que prometió liberar a Fineo de su castigo si los Bóridas detenían su cacería. En agradecimiento por tal ayuda, el anciano vidente les explicó que si deseaban llegar al Mar Negro por mar, debían atravesar las Simplégades, grandes piedras que hacían las veces de frontera de dicho mar, una a cada lado de un angosto estrecho; estas piedras entrechocaban al pasar entre ellas cualquier embarcación, destruyéndola. Fineo les explicó que la única forma de trasponer este obstáculo era liberando poco antes de alcanzarlas a una paloma blanca desde la proa del barco. Al día siguiente, los Argonautas dejaron la isla de Fineo y se enfrentaron a las temibles Simplégades. Como el anciano les había advertido, dejaron libre a una paloma blanca desde la proa de su barco; el animal se puso a volar frente a ellos, guiándolos a través de las Simplégades sanos y salvos. Justo cuando el barco se encontraba a salvo, las piedras se cerraron una contra otra, con un terrible estruendo, volvieron a separarse, y nunca más se movieron de su sitio, dejando desde entonces un paso para los navegantes.
Las Simplégades
Tras alguna otra aventura, ya en el Mar Negro, los Argonautas desembarcaron por fin en el país de la Cólquida, final de su expedición.
El valor que hasta el momento habían demostrado los Argonautas había complacido mucho a la esposa de Zeus, Hera, que se decidió a ayudarlos en su misión. Se reunió con Afrodita y tejieron el plan siguiente: ordenarían a Cupido que lanzara sus flechas sobre Medea, hija del rey de la Cólquida, y hechicera de grandes poderes. Con esto, Medea caería enamorada de Jasón, y representaría una ayuda inestimable para su misión.
Los Argonautas se presentaron un día ante las puertas del rey de la Cólquida, Eetes, pidiéndole que les entregara el Vellocino de Oro a cambio de cualquier servicio que éste les quisiera encomendar. Eetes no podía permitir que aquella valiosa posesión cayese en manos de aquellos extranjeros, por lo que impuso una tarea imposible a Jasón: debía uncir a un arado a dos toros mágicos, que expelían fuego por la boca, labrar un campo y sembrarlo con los dientes de un dragón, de los que brotaría un ejército de hombres armados a los que él, sin ayuda de arma alguna, debía vencer. Aceptó Jasón la disparatada empresa y se retiró con sus hombres al Argos para descansar. Durante la noche, un mensajero de Medea les entregó un ungüento mágico que haría invencible a Jasón, y les comunicó además que si éste arrojaba una piedra en medio del ejército nacido de los dientes del dragón, éste se aniquilaría a sí mismo.
Al día siguiente, Jasón se dirigió a cumplir su misión: unció a los toros en el arado, sembró los dientes y al nacer un ejército de ellos, arrojó una piedra entre ellos, sorprendido al comprobar cómo se mataban los unos a los otros. El rey Eetes se enojó terriblemente, jurando que jamás obtendrían el Vellocino de Oro, encerrándose en su ciudad. Estaban los Argonautas apesadumbrados cuando recibieron la visita de Medea. La princesa prometió ayudarlos a robar el vellocino, a lo que Jasón respondió declarándole su amor y sus intenciones de casarse con ella al regresar a Grecia. Se dirigieron Jasón y Medea a un bosque, en cuyo centro una monstruosa serpiente custodiaba el Vellocino. Mediante un conjuro, durmió Medea a la serpiente, momento que aprovechó Jasón para apoderarse del Vellocino de Oro y huir con la princesa en el Argos.
Medea
Tras los Argonautas zarpó un numeroso ejército capitaneado por Apsirto, hermano de Medea. Cuando todo parecía perdido, Medea mató a su propio hermano, despedazándolo y arrojando sus fragmentos al mar. Mientras el ejército de la Cólquida se entretenía en recoger los restos de su príncipe, los Argonautas pudieron huir y dejar atrás para siempre la Cólquida. Una vez llegados a Grecia, Medea ayudaría a Jasón a recuperar el trono de Tesalia, matar al tirano Pelias (que en la ausencia de Jasón había dado muerte a sus padres, los reyes legítimos). Medea realizó los actos más repulsivos para ayudar a Jasón en todo lo que fue necesario. Pero Jasón, que en lo profundo de su alma era un ser despreciable, traicionó a Medea casándose con la princesa de Corinto, y disponiendo su destierro de la propia Medea y de los dos hijos que había tenido con ella. Sin ayuda ni dinero, aquello era una condena a muerte para Medea y sus hijos. La venganza de Medea fue terrible: usó la magia para asesinar a la nueva esposa de Jasón y, acto seguido, mató a sus propios hijos. Jasón, fue en su búsqueda para matarla, pero tan sólo encontró los cadáveres de sus hijos y a Medea huyendo en un carro tirado por dos dragones. A Jasón ya sólo le esperaba una vida de remordimientos y locura. A Medea, nadie la volvería a ver en Tesalia.
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